Los galigrecos.
Siempre me hizo gracia el término de los autores de antes de los "gentiles galigrecos", esos astutos y desconfiados gallegos (Timeo danaos et dona ferentes) de tez blanca que, según Isidoro de Sevilla y de acuerdo con varios autores clásicos, descendían de los mismísimos griegos.
Mito o no, el caso es que el tema no nos desagradó nunca, y hasta que los fenicios, y luego los celtas (o al revés, que ya no se sabe si es primero el huevo o la gallina) llegaron a nuestro origen mítico, todo lo inundaban aquellos navegantes colonizadores del Mediterráneo Oriental, los orígenes de varias casas nobles, la fundación de ciudades, faros...
De aquellos griegos fundadores de ciudades y tribus, constructores de megalitos (si, de megalitos) ya nadie se acuerda... salvo algunos, que cuando recreamos la vuelta al castro de Vigo (nuestra "capital" del pueblo de los Aeleni) en siglo I a.C. ponemos un casco corintio en el hogar del jefe, recuerdo de un antepasado mítico que llegó por mar. Y es que en un mundo (de Tinieblas) novelado todo vale.
También le valió a Vázquez de Orjas, sacerdote convertido a principios del XVII en Doctor Jones, que después de saqueos varios por el Nuevo Mundo encontró en aquella Galicia helénica un filón. Consiguió una Real Cédula para explorar los megalitos, sentencia de muerte de muchos de ellos (se dice que unos 3.000). Consiguió también más de un palo de aquellos "gentiles galigrecos", vecinos veían como les querían robar las cosas de su terriña, y que se afanaban en explorar las cámaras, antes de que llegaran los de fuera.
Y es que los gallegos somos muy nuestros. La vida sigue igual.
Imagen "robada" con Cédula Real: creación de artista ( y amigo) Guillermo de la Peña: http://www.guillermopl.com/



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