La Torre de Doña Urraca en Caldas de Reis: de fortaleza medieval a iglesia.

Recreación Torre de Doña Urraca.

Hoy, en nuestra navegación virtual por la historia, nos vamos hasta el núcleo urbano de Caldas de Reis, en Pontevedra.

Queda fuera del espacio de estudio de mi tesis, pero siempre me ha fascinado una torre que se levantaba en el núcleo urbano, junto al puente que cruza el río Bermaña. Su posición no era casual: dominaba uno de los pasos importantes de la villa y se encontraba además junto al trazado del Camino de Santiago.

Esta es la historia de una torre que desapareció a finales del siglo XIX y cuyos materiales terminaron formando parte de una iglesia.

Desde que descubrimos restos romanos en Caldas —otra historia para otro día— me fascinaron el nombre y el lugar. He vuelto a trabajar varias veces allí, y siempre me he imaginado cuán estratégico era Caldas y por qué alcanzó tanta importancia a lo largo de la historia.

Y es que la villa conserva un patrimonio magnífico, no siempre suficientemente valorado.

Grabado Torre de Doña Urraca, Caldas

Una torre junto al río Bermaña

La tradición histórica vincula la torre con doña Urraca I de León y Castilla, madre de Alfonso VII. Las fuentes turísticas de Caldas de Reis sitúan la torre junto al puente del río Bermaña y al Camino de Santiago, y relacionan este lugar con el nacimiento de Alfonso Raimúndez, el futuro Alfonso VII.

La denominación Torre de Doña Urraca ha quedado así incorporada a la memoria histórica de Caldas de Reis. Sin embargo, conviene distinguir entre la tradición vinculada a la reina y aquello que podemos demostrar documentalmente sobre el edificio.

La cronología exacta de la torre que conocemos por las fuentes posteriores tampoco debe darse por completamente establecida. Más que presentar sin matices un edificio «del siglo XII», resulta más prudente hablar de una fortificación medieval relacionada con la tradición histórica de Urraca y con la villa de Caldas.

Procediendo a derribo de Torre en Caldas de Reis.
Imagen de Torre de Doña Urraca en Caldas.

El derribo de la torre

Y esto fue así hasta la época contemporánea. Una de las imágenes más fascinantes —y también más desoladoras— que podemos encontrar al buscar información sobre la torre es la de su destrucción.

La fotografía muestra el proceso de desmontaje de la torre a finales del siglo XIX.

La imagen tiene algo casi paradójico: quienes aparecen trabajando ante las ruinas probablemente estaban asistiendo a una obra de modernización de la villa. Hoy, sin embargo, contemplamos la escena desde una perspectiva muy diferente.

La idea decimonónica de progreso supuso en muchos lugares la desaparición de edificios, murallas y otros elementos del patrimonio histórico. Caldas de Reis no fue una excepción.

La torre terminó siendo desmontada y su piedra fue reutilizada en la construcción de la iglesia de Santo Tomé, levantada entre 1890 y 1894. Las propias fuentes municipales señalan que algunos elementos de la antigua torre, entre ellos sus ventanas, pueden reconocerse todavía en el nuevo templo.

Iglesia en la que reutilizaron elementos de la torre, Caldas de Reis.

De fortaleza medieval a iglesia

La desaparición de la torre no significó, por tanto, que todo su material desapareciese.

Parte de sus piedras fueron utilizadas como material constructivo para la nueva iglesia de Santo Tomé, convirtiendo el nuevo edificio en una especie de testimonio indirecto de la antigua fortaleza.

Es una circunstancia especialmente interesante desde el punto de vista patrimonial: la torre ya no existe como edificio, pero algunos de sus elementos sobrevivieron integrados en otra construcción.

Y ahí está quizá una de las paradojas de la historia del patrimonio. Lo que para sus contemporáneos pudo ser simplemente el aprovechamiento de una piedra disponible para una nueva construcción, hoy nos permite conservar una pequeña parte de aquel edificio desaparecido.

Una torre que todavía está presente

Cuando salíamos de excavar en Caldas, alguna vez tomábamos algo en el parque situado frente a la iglesia. Y, durante mucho tiempo, lo hacíamos sin pensar demasiado en lo que había ocupado aquel espacio.

La historia tiene esas cosas: uno puede estar sentado tranquilamente en un lugar sin imaginar que, siglos antes, allí se levantaba una torre medieval.

Hoy del edificio medieval queda muy poco. Queda la documentación, quedan las imágenes de su desaparición, quedan algunos elementos reutilizados en Santo Tomé y queda, sobre todo, el recuerdo conservado en el propio paisaje urbano.

Y queda también el nombre:

Campo da Torre.

Torre de Doña Urraca y puente de Bermaña.

La torre desapareció, pero su memoria no.

Y quizá esa sea una de las mejores razones para seguir hablando de ella.

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