Marketing en Sargadelos.
Lo del marketing es un término muy actual, pero sin embargo en gran medida una práctica común, de siempre, conocida al menos desde época romana... mmm... ¿porqué será que siempre acabo retrotrayendo todo a esta época?
Bueno, el caso es que lo que nos interesa ahora es volver al señor Ibáñez y sucesores al frente de la dirección de la fábrica de Sargadelos que, como casi todo el mundo sabe, quisieron introducir sus productos en el mercado galaico.Por aquel entonces las producciones inglesas (que con un gran volumen de producción, introducían sus cacharros por todos los mercados europeos marítimos, al buen estilo de la mejor Sigillata o cerámica fina norteafricana o Egea) eran las que mandaban en el cotarro europeo; con un precio asequible inundaban las casas y eran demandadas por toda la población. ¿Cual era la solución? hacer loza a la inglesa, pero a menor precio. Y si hace falta traer a señores ingleses que puedan ejercer (y enseñar) el oficio a su manera, se traen. Vamos, al más puro estilo Jorge Juan, pero del espionaje industrial.. Cuando esas practicas no era más que una hábil dirección de empresa, en una época ya oscura (esta si) en la que empezábamos a estar en el vagón de cola de las naciones bien, y esto del copiar no se nos daba del todo mal.
Una vez copado el mercado local, al menos el tiempo que funcionaba la fábrica (entre motines, incendios, muertes y quiebras varias) los paisanos consumían y demandaban Sargadelos. Y como buen vendedor, hay que darle al cliente lo que pide.
En las cerámicas, figuras y relieves de Sargadelos existe un llamativo pequeño relieve que representa una espiga de maíz.
En las cerámicas, figuras y relieves de Sargadelos existe un llamativo pequeño relieve que representa una espiga de maíz.
Estas espigas llamadas vulgamente filladas (tres espigas juntas que hacen una sola) eran muy apreciadas en el rural gallego. Se decía que tenían propiedades y que preservaban vacas y bueyes de todo mal, especialmente del mal de ojo de las meigas.
Por tanto a meterle filladas a los cacharros. Toda una concesión al la superstición y al simbolismo apotropaico local (con todo el ánimo de lucro posible)... que en nuestros tiempos aún se vende en forma de elefantitos de madera y escarabajos egipcios, en esta aldea global.


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