El rey lo ordena: El cerco de A Rocha Forte.




Desde mucho antes de excavar en la Rocha y dedicar mis investigaciones a estos temas me fascinaba este periodo. 


Y desde muy temprano, aun estudiando, fui por primera vez a una conferencia sobre los primeros en nuestra historia en "reclamar" un hecho diferencial, un futuro como nación para Galiza: Los Irmandiños y Pardo de Cela.
Aún recuerdo lo inaudito del argumentario, extemporáneo y cargado de descarados tintes políticos sin demasiado sentido, que escuchábamos mi amigo Petrista, y yo.

Mucho tiempo después, jugando a ser ellos por las veredas de Verín, pude observar en un escudo la sirena de Castelao e idénticos argumentos... con bronca incluida ante los "castellanos de Madrí y Barcelona... y me acordé de aquel primer día de conferencias de mi vida. Que habrían pensado aquellos de haber leído textos como este del Pleito Tabera Fonseca?:


Vido que la gente desta dicha çiudad se Santiago llamaran la gente de la tierra de su comarca para que fuesen a derrocar la dicha fortaleza de la Rocha fuerte y ansi este dicho testigo beniera a la dicha çiudad y biera que alñgunos dixeran a los dichos Martín Troco e Joan da Meo, alcaldes que como abian de yr ansi a derrocar la dicha Rocha fuerte que hera del arçobispado de Santiago e quellos mostraran una carta diciendo que ellos por aquel mandamiento del rey la mandaban derrocar y que vido leer el dicho mandamiento y que dezia quel rey mandaba por el derrocar las dichas fortalezas por los males que dellas fazian e luego vido que los dichos alcaldes con la dicha gente que ansi abian llamado fueran a la dicha Rocha fuerte y la posieran sobre estacas y la derrocaron y al tiempo que la derrocaron dize este testigo que toda la gente y los dichos alcaldes dezian altamente: biba el rey.

Y es que derrocar porque el rey lo ordena no tiene tanto glamour como librarse, como una república de hombres libres, del yugo castellano que prime al pueblo galaico... sin obviar que los opresores eran tan galaicos como los siervos a los que oprimían. Cosas veredes.


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