De los nombres.



Me encantan los condotieros. Todo lo relacionado con los famosos (Sforza, dal Verme, Gattamelata, Colleoni, Braccio, Malatesta...) que cae en mis manos, lo leo.

Me he acordado de mi favorito John Hawkwood, un inglés que durante un intervalo de la Guerra de los Cien Años, sin trabajo, fue con algunos de sus compañeros a buscar fortuna a la opulenta Italia.

Hawkwood haría carrera, y sus especiales características personales y tácticas guerreras le hicieron ganar un puesto en el "Hall of Fame" de los soldados de fortuna bajomedievales de la "Bella Italia".

Pero su nombre era difícil. y la pronunciación de su apellido aún más. Que mejor que italianizarlo a gusto del consumidor: John Hawkwood = Giovanni Acuto. Chis pum.

Juanito el agudo no era (ni fue, ni será) el primero al que se le cambia el nombre para entendernos mejor. Un ejemplo que le hace mucha gracia a un colega es el de Bertrand du Guesclin (el bretón felón, el de ni quito ni pongo rey, con permiso de Andrade) que aquí  en las Hispanias de dimos en llamar Beltrán de Claquín.

No los recuerdo ahora mismo, pero eran muy graciosos también los nombres de los primeros flamencos y alemanes que llegan a la castiza meseta a trabajar, en tiempos de Carlos V... que de sus nombres de verdad no querían acordarse, ni lo hicieron.

Hace unos días me pasó también en mi entorno algo parecido con la avispa "vetulina", y me acordé de los desternillantes nombres que tiene la malnacida para el común de los mortales. Casi como los eucaliptos en Galicia. Todo esto me hizo recordar aquel Betis de finales de los 90 de Finidi y Filipescu... que cada cual les llamaba en las entrevistas de televisión también como les salía del moño.

De barcos y otros gajes de la mar también hay cositas de estas, por supuesto. Ejemplos tenemos a cientos... como el que cuenta siempre un colega sobre el Cunichán, un nombre puesto por el naufragio de un barco, el Collingham, que ya comentamos hace tiempo en un póster.

Y aun los hay a día de hoy que, con bastante prepotencia, insistían en que estábamos totalmente equivocados y había que llamarle Regazona, que era como se llamaba de verdad de la buena a cierta nave... cosas veredes!


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