Ruth Matilda Anderson en Galicia: fotografía, etnografía y memoria del mundo rural.

No hace mucho salió a la luz —bueno, a YouTube—, por parte de la asociación Dous Punto Oito, un reportaje sobre una fascinante historia.
En 1924, la Hispanic Society of America envió a Galicia a la fotógrafa Ruth Matilda Anderson, acompañada por su padre, Alfred Anderson. Durante sus campañas fotográficas de 1924-1926 recorrió buena parte de Galicia documentando paisajes, pueblos, arquitectura, oficios, indumentaria y, sobre todo, la vida cotidiana de la sociedad gallega de aquel momento.
Anderson prestó una atención especial al mundo rural. Sus fotografías muestran una sociedad que estaba experimentando importantes transformaciones, pero en la que todavía sobrevivían numerosas formas tradicionales de trabajo, transporte, arquitectura y cultura material.
Y ahí es donde su trabajo adquiere un interés enorme para quienes nos dedicamos a la arqueología.
Fotografiar una sociedad que estaba desapareciendo
Las fotografías de Anderson no son simplemente una colección de imágenes antiguas.
Documentan personas, objetos y actividades dentro de su contexto: casas, carros, aperos agrícolas, embarcaciones, mercados, talleres, caminos, iglesias, molinos, indumentaria y formas de trabajo.
Para la arqueología esto tiene un valor extraordinario.
La fotografía histórica permite observar cómo eran utilizados determinados objetos que hoy encontramos únicamente como restos materiales o piezas de museo. Nos permite preguntarnos para qué servían, cómo se utilizaban, quién los utilizaba y qué relación mantenían con otros elementos del paisaje.
Es, en cierto modo, una ventana hacia una Galicia que todavía conservaba numerosas formas de cultura material tradicional.
Una mirada condicionada por su época
Pero estas fotografías también deben interpretarse con cierta cautela.
Anderson no era una observadora completamente neutral. Su trabajo estaba condicionado por el proyecto de la Hispanic Society of America, por los intereses de la antropología y la etnografía de comienzos del siglo XX y por la propia mirada cultural de su época.
Por eso no deberíamos contemplar sus fotografías como un retrato absolutamente objetivo de la Galicia de los años veinte.
Son documentos históricos producidos desde una determinada mirada.
Precisamente por eso resultan todavía más interesantes: además de mostrarnos la sociedad gallega, nos permiten estudiar cómo era observada y documentada desde fuera.
Un archivo excepcional para la etnoarqueología
Para quienes hacemos —o hacemos de vez en cuando— arqueología contemporánea, las fotografías de Anderson son auténticos documentos de trabajo.
El archivo gallego de Anderson contiene miles de imágenes. El Consello da Cultura Galega documenta más de 7.000 fotografías realizadas por ella en Galicia, además de otras imágenes adquiridas durante sus campañas.
Son una fuente excepcional para contrastar la cultura material que aquella sociedad dejó atrás.
Un carro, un apero, una vivienda, una embarcación o una estructura agrícola pueden adquirir un significado completamente diferente cuando podemos observarlos en funcionamiento y dentro de su contexto original. Y algunas de estas fotografías proporcionan incluso información difícil de encontrar en otras fuentes.
Cuando una fotografía nos acerca al pasado
Una de las cosas que más me interesa de estas imágenes es que, en ocasiones, nos acercan a formas de vida que parecen mucho más antiguas que la sociedad tecnológica en la que vivimos.
No porque podamos establecer automáticamente una continuidad entre una fotografía del siglo XX y una realidad medieval o prerromana.
Eso sería metodológicamente arriesgado.
Pero sí porque determinados sistemas constructivos, formas de aprovechamiento del espacio, herramientas, técnicas agrícolas o soluciones arquitectónicas pueden conservar rasgos que hunden sus raíces en tradiciones mucho más antiguas.
La fotografía histórica nos permite entonces establecer comparaciones que serían imposibles únicamente a partir del registro arqueológico.
Y ahí reside buena parte de su valor.
Viajar por la Galicia de hace un siglo
Si queréis viajar en el tiempo, podéis consultar una selección de sus fotografías y comprobar hasta qué punto ha cambiado Galicia en apenas un siglo. No hace falta imaginar cómo era aquel mundo. Podemos verlo, aquí.
Y esa es precisamente la extraordinaria aportación de Ruth Matilda Anderson: convertir una parte de la Galicia rural de las primeras décadas del siglo XX en un enorme archivo visual que todavía podemos estudiar.
Y podéis ver también el magnífico teaser del documental realizado sobre su viaje y su trabajo en Galicia. Aquí.
Disfrutadlo.


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