El primer restaurador de la historia.
Un día caluroso, el príncipe Tutmosis, hijo menor del faraón Amenofis II, estaba cazando gacelas en el desierto de Guiza. Allí, en las cercanías de aquellas pirámides construidas mil años atrás, el príncipe decidió descansar de la jornada de caza.
Bajó de su carro y se acercó aquella cabeza de caliza, que le ofrecía sombra en aquel sol de justicia. Bebió agua y se amodorró, apoyado allí, hasta dormirse profundamente.
En sueños se le apareció el dios Hor-em-akhet (Horus en el horizonte) y le imploró a Tutmosis que restaurara su abandonada estatua. A cambio él lo convertiría en faraón.
Ya despierto de aquel sueño, Tutmosis juró cumplir los deseos del dios: Hizo quitar la arena que ocultaba la estatua para desvelar su cuerpo leonino, le reparó una garra rota y rellenó un agujero de su pecho, añadiéndole también una barba regia. Repintó la esfinge, utilizando los mejores azules, amarillos y rojos para dejarla resplandeciente ante el dios Sol, que cumplió su promesa y contra todo pronóstico fue coronado con la doble corona.
Cuando fue faraón, Tutmosis mandó pintar la esfinge en los escudos de sus soldados, y grabar su fantástica historia en una losa de piedra, La Estela del sueño, que continúa aún hoy día custodiada entre las garras de la esfinge.
"Ahora la estatua del muy grande khepri [la Gran Esfinge de Guiza] descansa en este sitio, grande en fama, sagrado de respeto, la sombra de ra descansando sobre él. menfis y cada ciudad en sus dos lados vienen a él, con los brazos en alto en adoración su cara, con grandes ofrendas para su Ka. Uno de estos días sucedió que el príncipe Tutmosis vino de viaje a la hora del mediodía. Descansó a la sombra de este dios grande. [Y el] sueño [se apoderó de él] en el momento en que el sol estaba en su cenit. Entonces descubrió la majestad de este dios noble que habla por su propia boca como un padre habla a su hijo, y le dice: "Mírame, obsérvame, mi hijo Thutmose. Soy vuestro padre Horemakhet-Khepri-Ra-Atum. Te daré la realeza [sobre la tierra de los vivientes]....[He aquí, mi condición es como una enfermedad], todas [mis extremidades arruinándose]. La arena del desierto, sobre la que solía estar, (ahora) me cubre; y es para que hagas lo que está en mi corazón que he esperado."
Esta es la historia de Menjeperura Thutmose, octavo faraón de la XVIII dinastía, el primer restaurador de la historia.
Si queréis ver unas fantásticas primeras fotografías (y un histórico de fotos) de la Gran Esfinge, podéis pinchar aquí.


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