Los superarqueólogos.

 Los arqueólogos para ciertas personas y/o colectivos somos un problema, y a lo largo de los años nos encontramos con algún comentario desagradable. Porque como decía en el máster interuniversitario arqueología de la USC/UVIGO/UDC cuando hablaba de arqueología de gestión, es de las pocas profesiones donde se valora hacer mal tu trabajo: no encuentres nada, por favor... (como si nosotros fuésemos los que colocamos los restos arqueológicos en el subsuelo).

Para otros somos como unicornios, seres extraños con una profesión que ni siquiera existe para el gran público: los medios, y la sociedad solo ofrece a las mentes dos opciones: O eres profesor de universidad y das aulas con traje y pajarita, o eres un diletante, sin nadie al volante en el cerebro, con machete u pantalón de bolsillos atravesando la selva, o el desierto.  

Fascina que la arqueología entre en los entornos urbanos y cascos históricos con asiduidad; soprende que estemos detrás (más bien delante) de una autovía o un trazado de tren. Muchos lo hemos podido comprobar cuando hablas de la arqueología como profesión: a mí me pasó cuando di la conferencia: El arqueólogo inocente (claro homenaje al libro de Barley).

 Y sin embargo la arqueología conserva intacto el prestigio o "glamour", siendo una de esas profesiones que "siempre quise estudiar" (pero decidí estudiar otra cosa de más provecho o mejor remuneración).

Y mientras, el superarqueólogo se prepara para su trabajo de campo y oficina, a dominar mil técnicas, saber de estratigrafía, estar en forma para aguantar las duras jornadas de trabajo de campo y tener la mente ágil para interpretar lo que está "descubriendo" en tiempo real, y el cerebro activo al llegar a casa y relacionar mil citas bibliográficas en un informe redactado de madrugada, porque aprietan los plazos.

Y todo por el módico precio de cero euros, porque muchas veces se entiende que por el "placer" de hacer un trabajo tan vocacional no necesitas cobrar... ni comer, ni vestirse. Porque así nos hemos formado y nos hemos hecho mayores, o sea superarqueólogos.

Leed el artículo del amigo y colega David, que lo explica magníficamente, aquí.

Y ya, que me caliento. Otro día os hablo de la exposición pública a la que estamos sometidos, que también tiene tela. 




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