Corazón de León contra los elementos.

 Ricardo quería reconquistar Jerusalén. Desde San Juan de Acre tardó tres semanas en llegar a Jaffa, unos 100 km de camino... un camino abrasador, aumentado por el incesante hostigamiento de unidades de arqueros musulmanes a caballo. Al llegar a Jaffa la encontraron abandonada y en ruinas, pero pudieron conseguir abundantes provisiones en los alrededores para continuar los 30 km restantes hasta la ciudad santa.

Iniciaron la marcha a principios de enero. Para evitar emboscadas, los templarios (quién si no) se encargaron de las labores de exploración previas a la marcha del ejército.

De pronto, unas nubes negras anunciaron la tormenta perfecta. El caos de agua y granizo que les cayó encima destrozó las tiendas donde se habían ido a guarecer los caballeros, destruyó todas las provisiones, ahogó a muchas de las monturas y bestias de carga del ejército invasor, y arruinó el armamento y protecciones metálicas que portaban.

El desastre fue tal que Ricardo Corazón de León desistió de su intento de asaltar Jerusalén: rehacer su ejército después de aquel desastre podría demorarse muchas semanas, además de desmoralizar a sus guerreros, mientras Saladino esperaba parapetado con sus tropas bien alimentadas, descansadas y que triplicaban en número a los cristianos.

El rey inglés puso rumbo a Ascalón con el grueso de su ejército, siendo abandonado al poco por el la mayoría de los francos que se habían sumado a la cruzada, que quizás pensaban que Dios ya no estaba de su parte.

Y es que nadie ha conseguido vencer con su ejército contra los elementos.

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