La Gran Armada en Galicia.

Preparando la conferencia del pasado viernes en el Museo del Mar de Galicia me he dado cuenta hasta que punto Galicia está vinculada a la historia de la mal llamada Armada Invencible.

No solo dispersó a la flota en unos inusuales temporales (un total de tres) entre Cabo Finisterre y La Coruña, desvaratanto la formación, y desperdigando los navíos a lo largo de todo el Atlántico, sino que fue clave en el reabastecimiento de la flota, antes de emprender el viaje final. A su vuelta, una decena de navíos llegaron a nuestras costas, maltrechos y enfermos de guerra y de pena, por su fracaso en la coordinación con los Tercios de Flandes del Duque de Parma.

Algo más de un mes pasaron la mayoría de las naves de la Armada en La Coruña, y La Coruña sería la tumba, a su vuelta, de Recalde y de tantos otros heridos y/o enfermos de la travesía.

Cuesta imaginarse 130 navíos anclados allí, en la bahía que hoy surcan trasatlánticos, veleros, y unos pocos barcos de pesca. Pero allí fondearon los barcos italianos, hanseáticos, portugueses, cantábricos y andaluces; naos, urcas, pataches y galeazas tan diferentes como los hombres que los comandaban: Martínez de Leyva el carismatico capitán de la caballería de Milán (secretamente encargado de suceder a Medinasidonia, si todo se torcía), Hugo de Moncada, hijo de virrey de Nápoles, Los experimentados marinos vascos Bertendona, Oquendo y Recalde, Los primos Diego López Valdés y Pedró Valdés, que navegaron junto a otro ilustres, como el hijo del difunto Marqués de Santa Cruz,  un hermano del Duque de Saboya, el hijo de Hernán Cortes, el hijo del conde de Puñoenrostro, con Manuel Paleólogo, descendiente del antigo Basileus de Constantinopla, o con Lope de Vega... La flor y nata de la nobleza del Imperio, lo mejor de las gentes y soldadesca española, gente en absoluto profana en las lides de la mar, y los más, bragados en mil batallas y navegaciones a Flandes, a las costas de Inglaterra e Irlanda o a Ultramar. 

Sin duda un claro contraste con su infortunado líder, Alonso  Pérez de Guzmán y Sotomayor, séptimo duque de Medina Sidonia, al que su vida no le concedió muchas ni grandes alegrías.

Privilegio y experiencia. Preparación y determinación... Nada les sirvió cuando los elementos los emplazaron en el Mar del Norte. Las costas de Irlanda fueron las verdaderas vencedoras de aquella batalla, llevándose directa, o indirectamente, las vidas de tantos y tantos campeones de la fe de Felipe II, que bendecidos por el Papa navegaron para deponer a la reina hereje.

Sus capitanes, los que pudieron volver, no se recuperaron jamás de aquello; salvo el recio Bertendona, que tomaría su venganza cazando a Revenge en Azores, y creando años despues el germen de la primera armada real española.

Y a todos estos personajes, esta grandísima historia que el celuloide ha ignorado, y que superarían a un Tolkien, o al mejor Martin televisivo, todos han pasado por Galicia. Todos, sin excepción han sufrido nuestras costas, y más de un puerto, y más de una vez, ha visto en aquellas jornadas esos magnificos barcos de Dios, que Dios mismo quiso que no triunfasen, como decía la Reina Virgen.

Regocijaos pues, habitantes de Baiona, Vigo, Cangas, Muros, Muxía, Malpica, Ferrol, Bares, Viveiro y Ribadeo, porque habeis formado parte de la Historia, de una de las grandes batallas de la Historia de Europa. 



Comentarios

  1. Revisando la compilación documental de "La Batalla del Mar Océano" se observa que Galicia también aportó muchísima madera cuando la Gran Armada aún estaba en Lisboa. Barcos y barcos con dicho cargamento se dirigieron al Sur.

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  2. Gracias por el apunte!!

    Y no solo provisiones o bastimentos, sino que en Coruña aportó gallegos, mandados por el Conde de Lemos para sustituir a los enfermos de la Armada!

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