La ruta atlántica romana en Galicia: un brindis al sol.

Uno de los posts anteriores me ha hecho reflexionar en algo que hace tiempo tenía que contaros. Hace más de 2.000 años, las aguas del océano Atlántico no eran una barrera peligrosa: era una autopista comercial vital para el Imperio Romano. Aunque el comercio marítimo romano se interpretó tradicionalmente desde una perspectiva exclusivamente mediterránea, la ruta atlántica fue una auténtica vía de conexión entre la Península Ibérica, Britania y el Limes y sus provincias.

Ruta atlántica en época romana (idealización).
La intensidad de este comercio atlántico ha sido comprobada arqueológicamente por un equipo internacional liderado por  el profesor César Carreras, de la Universidad autónoma de Barcelona,  en el que han participado también investigadores del ICAC, las universidades de Nimega, Lisboa y Munich.

Los primeros datos recabados eran concluyentes: de 103 yacimientos romanos analizados en Gran Bretaña, más del 70% de las ánforas eran de origen peninsular ibérico. Estas ánforas transportaban productos esenciales para la economía romana y el abastecimiento militar: aceite de oliva procedente del valle del Guadalquivir, garum elaborado en la bahía de Cádiz y en las cetariae lusitanas, y vinos de la Bética y del levante peninsular. La presencia masiva de estos recipientes en contextos militares y urbanos del norte de Europa demuestra la existencia de un tráfico marítimo regular y organizado a través de la ruta atlántica.

El volumen de ánforas en los yacimientos del limes no es menor, muy en consonancia con los datos recopilados en la costa norte francesa, y todos con fechas muy tempranas. Los hallazgos en enclaves como Kops Plateau, en Holanda, o las ciudades romanas de Xanten y Neuss, en Alemania, confirman que esta ruta estaba plenamente activa ya desde la época de Augusto, al menos desde el año 16 a.C. Su función principal parece haber sido el abastecimiento de las legiones desplegadas en Germania y Britania, territorios recientemente incorporados a la órbita romana. Y aquí, sobre la línea de puntos, podemos poner las obicuas Haltern 70 de la Gallaecia (otra peli para otro día).

legionario de época de Augusto desechando ánforas en el limes renano (idealización).

La ruta atlántica ofrecía una vía más rápida y económica para alcanzar el norte de Europa. Frente a la tópica idea de un Atlántico peligroso y marginal, las evidencias arqueológicas apuntan a un espacio activo y relevante. El rastro que dejan las ánforas, envases diseñados para el transporte marítimo y fluvial, confirman una red marítima compleja, integrada por la navegación oceánica y por conexiones fluviales interiores.

Tradicionalmente se dudaba de la importancia de esta ruta por las dificultades de navegación y demostrada por la escasez de pecios documentados (algo que hay que darle una vuelta). Sin embargo, el estudio de moluscos marinos de la época (entre ellos el famoso Thais Hemaistoma) sugiere que el océano podría haber sido más cálido, lo que probablemente reduciría las tormentas, mejoraría las condiciones de navegación y facilitaría las travesías.

Un trabajo más que interesante fue el que realizó en 2010 Sónia Bombico en la Universidad de Évora: Para una valorización de los Itinerarios Comerciales Romanos del Alto-Imperio en el Atlántico - El papel del Patrimonio Cultural subacuático. La autora parte de una pregunta clave: ¿se puede identificar en la costa portuguesa elementos arqueológicos que demuestren una actividad comercial marítima específica en época altoimperial? La respuesta es sí, y la evidencia clara son los restos del patrimonio cultural subacuático.

En este trabajo se analiza:

El rol fundamental de las ciudades marítimas de la Lusitania (Olisipo, Salacia, Ossonoba y Balsa) como centros portuarios y productores de garum y ánforas.

El patrimonio cultural subacuático: naufragios, fondeaderos y restos aislados de ánforas y cepos de anclas, como fuente primordial para reconstruir los itinerarios. Especialmente importante es el análisis micro de los naufragios, auténticas instantáneas del comercio romano.

Bombico propone convertir estas rutas en un itinerario cultural, siguiendo la carta de ICOMOS 2008, y la creación de una guía didáctiva titulada: Navegando con los Romanos en el Atlántico.

Lo más interesante es que la autora no se limita al análisis académico, sino que propone estrategias concretas de protección, gestión y divulgación del patrimonio subacuático. Si queréis ver el trabajo de máster, podeis hacer clic aquí.

Mapa de navegación de cabotaje de J. Naveiro (interpretación) en el Noroeste.
Portugal (con 10,5 millones de habitantes) lleva años de investigación y valorización de esta Ruta Atlántica Romana. En cambio, Galicia (sólo 2,7 millones) desde el noroeste peninsular mantenemos todavía un papel más discreto, a pesar de compartir la misma fachada atlántica y un rico legado romano común. Una evidencia de ello es que el estudio (Opera Magna) El comercio antiguo en el Noroeste peninsular (año 1991), de Juan Naveiro (al que tuve la fortuna de conocer el año pasado en el CAD25) no ha sido superado y se cita constantemente, pese a que 35 años después hay, lógicamente, más volumen de datos y alguna cosa ha podido ser matizada.

El Atlántico fue un importante eje de conexión entre el Mediterráneo, Hispania y el norte de Europa. En Galicia tenemos mucho que aportar: yacimientos, tradición marítima, conocimiento de nuestra geografía… La arqueología sigue reescribiendo la historia, y el patrimonio cultural subacuático todavía tiene mucho que contarnos. Es hora de impulsar también desde aquí estudios, proyectos de arqueología subacuática y propuestas de valorización de nuestra Ruta Atlántica Romana. Hace algo más de una década lo intentamos con un proyecto conjunto entre ayuntamientos y varias universidades... ¿será el momento de retomarlo?

Brigantium romana (reconstrucción hipotética).

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