Bertendona y la Ragazzona.

Martín de Bertendona era un marino recio, de esos que no se arrugaban ante nada, por duro que fuese, recibiese los reveses que fueran. Era un marino de casta acostumbrado a la mar desde chico, a la guerra embarcada y a sobreponerse a todas las adversidades que, como las tormentas, se acercan de súbito en su singladura vital. 

Se sobrepuso al desastre de su escuadra, la de Levante que capitaneaba, una de las que más bajas sufrieron; y fue el único capitán que sobrevivió largamente al desastre de la Gran Armada. Hizo todo lo posible por torcer el destino aciago que sufrió a la flor y nata de la marinería y nobleza española en los mares de Escocia e Irlanda.

Sea como sea, de cualquier modo, debió ser un golpe duro haberlo pasado todo y perder su nave capitana, la Ragazzona, a punto de entrar en el puerto de Coruña.

Allá, desde sus aposentos en la ciudad, debía mirar a la ría de Ferrol y suspirar, viendo cómo los días pasaban y las posibilidades de sacar su barco encallado pasaban, marea tras marea, de pocas a ninguna.

Este fue el informe oficial que nos ha quedado en la valiosa documentación oficial de la Gran Armada, hoy custodiada en Simancas:

Relación de lo que ha sucedido a la nave Regazona,
Capitana de las levantiscas

            Á 4 deste partió de Muros Martín de Bertendona con la nave Regazona, dejando al partir un ancla, y en el camino una borrasca de viento le llevó la vela mayor, y llegando sobre Cizarga a los 6, le fué forzado dar fondo en parte que dejó allí otras dos anclas, y a los 7, bien tarde, llegó cerca deste con tiempo que no pudo tomalle y bien fresco, avisando de la manera que venía. Salieron las galeras á dalle cabo, y por la mucha mar dicen que no lo pudieron hacer; dióseles orden para que luégo arbolasen y estuviesen listas para si en la bajamar calmase algo el tiempo volviesen a meter la nave, y en tanto con unos barcos se le envió un ancla y cable y una vela mayor de otra nave, y con la ancla que se le envió y otra que le había quedado, dió  fondo á una legua de este puerto. De las once de la noche adelante cargó grandísima tormenta y, garrando las áncoras iba á dar sobre unas peñas, y estando ya dellas á 30 pasos, saltó el viento al contrario y le apartó de la piedra, y cortando las áncoras y haciendo trinquete salió de allí, y a las tres de la mañana entró en Ferrol, y por no haberle quedado áncora ninguna sino del batel, dió fondo con ella y garreando encalló en tierra, cortando el árbol mayor. Á los 9 escribió Martín de Bertendona lo sucedido y pedia que se le enviasen dos anclas y un cable con que se remediara hasta que él viniese á la Coruña. Hiciéronse poner en orden tres anclas pequeñas que se tomaron de otros navíos y de particulares, y un cable, y estándolo dando para partir, á los 10 llegó Bertendona, que dijo estaba la nave derecha y sin hacer agua que la bomba no pudiese achicar, que lo que era necesario era gente que la alijase del artillería y otras cosas. Invióse allá una galera con las áncoras y cable, y el Capitán del galeon San Juan con todos los artilleros de campaña que se hallaban en la Coruña y el que hace el oficio de Contador de las galeras, para que pusiese en recaudo lo que se sacase de la nave, y Bretendona quedó en la Coruña  para tratar la órden de que se había de tener en aderezar los navíos. A la noche llegó una carta del Capitan de la tierra que decia habia dado la nave á la banda y que tenía mucha agua y que crece y mengua con las mareas; con todo eso se hacen diligencias para sacalla si se puede ver el fin dellas dentro de seis dias que son mareas vivas. 
Si queréis ver el artículo sobre la Ragazzona, recientemente publicado en las Actas del I Congreso de arqueología náutica y subacuática española, podéis hacer clic aquí.

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