Un castro de colchones.
Cuantas veces habré pasado yo por su lado, cada fin de semana...
A decir verdad, quien me puso en la pista de que existía este castro fue un amiguete, vecino de allí, currando en Coirós... y no volví a hacerle mucho caso hasta que hace poco, cacharreando, me puse a mirar... y la verdad es que da dolor. Mucho dolor.
Viendo las imágenes antiguas es prácticamente imposible que nadie supiera que allí había un castro... claro que de aquella no importaba: eran cuatro piedras y un montón de tierra... salvo que apareciera oro, con lo cual: Pepe pon a tope la pala y vamos a explanarlo, a ver que sale.
No me imagino lo que pudo sacarse de allí... y desde luego las labores de construcción (o de destrucción) han debido dar más de un valiosísimo testimonio... que sería más que interesante rescatar. ¿Cuantos trabajadores de aquella obra podrán contar una y mil cosas? ¿Habrá aparecido algo que aún esté en casa de alguien, decorando el aparador?
Son preguntas que siempre me hago... y que seguro que tiene respuesta... para alguien que quiera preguntar, que tenga paciencia y ganas de despertar un castro que duerme parcialmente en letargo... bajo un colchón Flex abandonado.
Por cierto, lo catalogó en Patrimonio Galego un incansable amigo (que conocimos cuando nos vino a visitar por Eirís). Tenéis la ficha, Aquí.


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