El castillo de San Diego. Encadenando la bahía.


En 1965 se acabó la historia del Castillo de San Diego, un monumento nacional (ya protegido entonces) que "estorbaba" al nuevo muelle comercial de la refinería, recién ganada para regocijo del puerto de Coruña. Hoy una zona, un parque, polideportivo, muelle... recuerdan su triste memoria.



Iniciado por el Marqués de Mancera y finalizado por el Marqués de Valparaíso, se llamó San Gaspar hasta 1644, en honor al Conde Duque de Olivares.


Unido a tierra  y adaptado al saliente rocoso en el que se ubicaba, tenía dos plataformas artilleras, con una potencia de 30 cañones y locales para los cuerpos de guardia, almacenes, capilla, cuartel y polvorín. No tenía foso y su abastecimiento de agua era una fuente situada a 150 m.

No llegó a tiempo su construcción para frenar a Drake, pero si frenaría a la flota francesa del Arzobispo de Burdeos, Henri d´Escombleau de Sourdis, que en 1639 llego a estas costas, tras atacar Laredo y Santoña hundiendo un Galeón (cuyos restos investigó ya hace años el profesor Casado Soto) y apresando otro.

La artillería de los tres castillos (San Antón, San Gaspar y Santa Cruz) unida a la cadena tendida entre los dos primeros, más de 1.000 metros, cerraría a cal y canto el puerto de incursiones audaces en tiempos ya no tan buenos para los territorios de la corona de los Austrias.
Cadenas (troncos o palos de navío atados con maromas gruesas o cadenas) existían en otras partes de Galicia y eran enormemente efectivas, como la que unían San Martín y San Felipe (Ferrol) o Rande y Corbeiro (Vigo). Otras historias por contar.

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