La celda de Recalde.
Casi nunca es posible reconstruir lo que pensaría un hombre en algún fatal momento, y sin embargo, en algunos momentos, entre lecturas, es imposible no tratar de imaginarlo.
El 07 de Octubre de 1588 llegaba maltrecho el galeón San Juan de Portugal (1.050 toneladas, 50 cañones) al puerto de La Coruña. Atestado de gente, sin municiones y con alimentos para tan solo tres o cuatro días más.
Estaba comandado por Recalde, marino de genio, no existía otro como él en estas fechas. Pese a ser ya de avanzada edad, solicitó en su momento el mando de la Gran Armada a su rey, siéndole negado, quizás por falta de títulos oficiales que aportar a un currículo insuperable.
Contra la idea del duque, insistió en atacar la flota inglesa fondeada en Plymouth, y amargarle la partida de bolos a Francis Drake y compañía. No lo hicieron, como lamentaría Felipe II en el último capítulo del Ministerio del Tiempo. El primero de los errores en aquel canal traicionero.
Volvió maltrecho y derrotado, como su barco. Deprimido y enfermo se encerraría en el convento de San Francisco y escribía una carta a Felipe II:
El portador Miquel de Esquibel ará relación a V.M. de lo que quisiere saber, yo no estoy para tales trabajos. Mñana querría yr a cerrarme a una celda de San Francisco y si me muriere abrá menos trabajos para enterrarme. Olgándome en estremo de saber del Duque; Dios junte lo que falta que a buen seguro que a de aber mella y grande. Don Alonso de Leyba me tiene con cuidado;Vesa las manos
Juan Martínez de Recalde
De aquella celda, en el monasterio de San Francisco de A Coruña (cuyos restos arqueológicos podemos admirar hoy día), nunca más saldría. Moría el vasco Recalde el día 23, sin saber que Leyva había muerto ahogado en los mares de Irlanda.... pero eso es otra historia.



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