Los caníbales de la Gran Dolina.


Esta noticia de la muerte de un chimpancé por sus congéneres me ha recordado lo complejo y variado que puede ser el comportamiento entre homínidos.

De todas las historias fascinantes que puede contar Atapuerca y sus yacimientos, uno de los que más fascinan son los cadáveres que allí se localizaron. Al menos seis individuos mezclados con herbívoros. Huesos humanos rotos, con marcas de corte producidas por instrumentos de piedra usados para separar la carne del cuerpo.

La antropofagia parece que es algo constatado en otros yacimientos Neandertales. Y en este caso de 800.000 años de antigüedad.

El canibalismo de sociedades ancestrales conocido, en diferentes culturas, encierra siempre algún sentido ritual, mágico religioso... y sin embargo aquí los prehistoriadores dicen que no lo parece. Tampoco una necesidad fruto de una hambruna o similar. ¿Es que solo eran carne?


¿Y si eran enemigos vencidos con los que celebraban una gran victoria final?

O mejor, ¿Y si son amigos, o familiares? ¿y si es un canibalismo filial, como el de los Bonobos?

Como profano en la materia, de un acto culturalmente tan alejado a las prácticas de nuestros días me turba, me sorprende que se traten igualmente a seres que identificaban de su raza, alimentándose como lo que parece que pueden haber sido: comida.




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