Los puertos de Cartago según Apiano.
Pocos puertos de la antigüedad han sido tan representados como los puertos de Cartago. 14 hectáreas de un espacio de origen púnico, que tuvo gran importancia hasta época bizantina, cuando se construyó allí un monasterio fortificado.
Apiano, un alto funcionario alejandrino, durante el gobierno de Antonino Pío (Siglo II d.C.) dejó esta magnífica descripción:
Los puertos de Cartago estaban dispuestos de tal modo que los navíos podían pasar de uno a otro; accedían desde el mar por una entrada de unos 21 metros de anchura, la cual se cerraba con una cadena de hierro. El primer puerto, reservado a los mercantes, estaba provisto de numerosos y variados amarres. En medio del puerto interior había una isla. La isla y el puerto estaban bordeados por grandes muelle. A lo largo de estos muelles había hangares, que podían albergar 220 barcos de guerra, y sobre los hangares se elevaban almacenes para los aparejos. Delante de cada astillero se elevaban dos columnas jónicas, que daban a la circunferencia del puerto y de la isla el aspecto de pórtico. En la isla se construyó un pabellón para el almirante y de dicha construcción partían las señales de las trompetas y las llamadas de los heraldos. Desde ahí, el almirante ejercía su vigilancia. La isla estaba situada en frente de la entrada y se hallaba a mayor altura: así el almirante veía lo que ocurría en el mar, mientras que los que llegaban de más allá no podían distinguir con claridad el interior del puerto. Los arsenales eran invisibles incluso para los barcos mercantes: éstos estaban rodeados de un muro doble y dotados de puertas, las cuales permitían a los mercantes pasar del primer puerto a la ciudad, sin que pudieran atravesar los arsenales.
Los restos fueron "descubiertos" por François-René de Chateaubriand, y hoy sobreviven en un entorno urbanizado, usado como puerto de pequeñas embarcaciones, y con la isla del almirante aún majestuosa, en medio del puerto militar. Visita obligada.
Si queréis ver una magnífica conferencia sobre Cartago, de Manuel Bendala Galán, podéis hacer clik aquí.






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