El primer escandinavo cristiano en Compostela.
Ahora que me he acabado al fin Vikings Valhalla (con una interesante visión el mundo escandinavo tornándose cristiano) y que también vuelven a estar de moda los vikingos (Con una expo que aún tengo pendiente: Unha vida vikinga) no está de más recordar el primer peregrino nórdico que arribó a nuestras costas (Galizuland o Jacobsland): el gran rey Sigurd I de Noruega, llamado el Cruzado.
Con dieciocho años partió de Noruega, dejando a su hermano Oystein al gobierno del reino. Salió del puerto de Bergen, en otoño del 1108 con sesenta barcos, unos 6.000 hombres en total.
Pasó el invierno en el Sur de Inglaterra, donde lo acogió Enrique I Beauclerc y en primavera partió hacia el sur vía Francia.
En otoño llegó a Galicia donde pasaría su segundo invierno (ojalá supiéramos donde), en el convulso año de 1109. La llegada de este contingente alteró a Don Pedro Froilaz, embarcado en afianzar a Alfonso Raimúndez, que ese mismo año sería proclamado rey de Galicia, con el apoyo unánime de la nobleza gallega.
No sabemos donde se asentaron, pero el conde de Traba acordó con el rey instalar allí un mercado, para abastecer a l rey de noruega y a sus hombre durante el invierno. Sin embargo la concordia solo duraría hasta diciembre.
Las cosas empeoraron: la tierra empobrecida y la mala época hacía sufrir carestía a los gallegos. Ni corto ni perezoso, Sigurd, junto con un abundante contingente de soldados, se dirigió a atacar al castillo del conde (Laxe? Coristanco?), que como no disponía de muchos soldados huyó. Los nórdicos se apoderaron de todas las provisiones posibles y las embarcaron, saliendo luego rumbo a Lisboa. Camino a la luego capital lusa (por aquella todavía musulmana) se encontró unas galeras paganas con las que por supuesto entabló batalla, venciendo y apoderándose de ocho de ellas.
Y es que el que tiene sangre de vikingos en sus venas, siempre será (y morirá) vikingo.



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