El Río Ulla: la ruta fluvial olvidada al corazón de Galicia.

Ahora que se homenajea el 50 aniversario del hallazgo del casco de Leiro, y como además hace poco hemos vuelto a investigar en la ribera del Ulla, os quiero hablar de esta puerta atlántica de Galicia. 

El Ulla no es solo agua, es memoria. Es un río fácilmente navegable hasta Pontecesures (a 12-14 km al interior) que, durante más de 3.000 años ha sido la autopista natural que, a través de su encajonamiento natural, conectaba por su cauce el océano con la meseta interior de Galicia. El Ulla es un corredor histórico por el que llegaron bronces atlánticos, ánforas romanas, comercio mediterráneo y vikingos e incluso, según la tradición, el propio cuerpo incorrupto del Apóstol. Una historia fascinante.

Ha sido un río estratégico al menos desde la Edad del Bronce (1800-800 a.C.). Funcionaba como ruta comercial atlántica: de los trabajos en sus fondos han salido espadas pistiliformes, estoques, puñales de lengua de carpa, hachas de talón y anillas... y muchas de ellas de aparente producción foránea. La mayoría de estas piezas se vinculan al mundo ceremonial, como ofrendas rituales arrojadas a las aguas, aunque su contexto específico nunca ha sido estudiado arqueológicamente.

Hay un "gap" en la Edad del Hierro. Parece que en esta época el comercio se quedó en la entrada de la ría, y no penetró tanto río arriba... o quizás es simplemente un hueco en la investigación a solucionar de cara a futuro... porque realmente sorprende la discontinuidad.

En época romana, en el tramo bajo del Ulla (especialmente entre las islas de Cheta y dos Ratos) han dado cientos de fragmentos de ánforas romanas (Dressel 7-11, Ánforas béticas, galas y lusitanas...), Terra Sigillata del sur de la Galia, cerámica común y hasta una posible estructura portuaria de madera, identificada durante los trabajos de los años 60-70. Todo apunta a que Iria Flavia (vicus situado en el entorno de Padrón) fue un nudo clave de comunicaciones marítimo-terrestres desde al menos el siglo I d.C.

El río también es la ruta legendaria por la que llegó el cuerpo del Apóstol en el año 44 d.C., el camino original de llegada a Gallaecia y uno de los primeros caminos históricos de peregrinación a la tumba. Hoy, la ruta Traslatio, ha sido incorporada como una preciosa variante marítima en el camino de Santiago Portugués.

Por el Ulla también subieron los vikingos en sus depredaciones (ya hablaremos sobre ellos), al menos en los años 858 y 959. Esta frecuentación motivó la creación de las Torres do Oeste para controlar el paso, y posterioremente, en época del Gelmírez, de un puerto y una primera armada de galeras de guerra para limpiar la ría y sus islas de piratas sarracenos.

El patrimonio arqueológico subacuático del Ulla fruto de la actividad de los "areeiros" comenzó a salir a la luz... y mucho se perdió. La actividad febril de las dragas entre los años 60-80 para sacar arena para el boom urbanístico que sufría España en la época hizo, con la remoción de miles de metros cúbicos de arena del fondo del Ulla, surgir un tesoro arqueológico de los fondos del Ulla. Lamentablemente, como suele ser habitual, con las dragas se fueron los contextos, se desfiguró el cauce e incluso se dejaron en el lecho fluvial conos de extracción de hasta 20 metros de profundidad. Sólo una pequeña parte de los materiales hallados acabó en museos, desapareciendo el resto, destruidos o en manos privadas. Actualmente existe una colección de piezas de los areeiros depositadas en el Museo de Pontevedra, fruto de los trabajos de un corresponsal del García Alén en la zona. Algunos otros materiales han engrosado recientemente las colecciones del CACTO en Catoira o se encuentran, desde hace no mucho en el Museo do Mar en Vigo.

En cuanto a prospecciones subacuáticas (siempre insuficientes) hechas en el Ulla, sobresalen:

Las primeras efectuadas en los años 1974-75 por el Club Universitario en Isorna (Rianxo), localizando ánforas Beltrán ID, actualmente desaparecidas. 

Las realizadas en 1983 del SAS del García Alén en Torres do Oeste e Illa dos Ratos, supervisadas por el arqueólogo Antonio de la Peña.

Las famosas prospecciones en busca del pecio romano de Cortegada del año 1983 (SAS García Alén) y de 1988-89 (Javier Luaces y Cristina Toscano), localizando restos de decenas de ánforas Dressel 7-11 de cargamento de ese esquivo naufragio.

La inspección de 1995 efectuada por Javier Luaces en Pontecesures, localizando un posible ara, un ancla de piedra, tégulas y postes de madera.

Y la prospección que efectuamos en 2008 cerca de la desembocadura del Sar, localizando casi un centenar de cerámicas y nuevos yacimientos en la ribera.

En suma, el Ulla es un archivo histórico subacuático de primer orden que, a través de sus aguas, conecta la prehistoria con la Edad Media y que sigue pleno de historia y actividad hasta nuestros días. A pesar de todo lo que ha sufrido, aún queda mucho por descubrir en sus riberas y cauce fluvial. Por supuesto, sin estudios globales, sin una puesta en valor de sus restos, amenazados por obras, con actuaciones e intervenciones sobre el cauce y su entorno, sigue siendo un patrimonio en grave peligro.

Si queréis echar un vistazo a lo que publicamos en su día, insistiendo en la protección y difusión de su patrimonio, tal y como refiere la Convención UNESCO 2001 para la protección del patrimonio arqueológico subacuático, podeis pinchar aquí.


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