Anclas de piedra.

Siempre que pienso en este tema, que me fascina, no puedo dejar de evitar el pensar en cuando eramos pequeños, en aquellos buenos días en la ría.

Todos los veranos nos escapabamos en nuestras barcas hinchables a las bateas de la ría de Sada, verdaderos trampolines improvisados, a los que los más audaces se atrevían a llegar remando en cualquier tarde soleada de agosto.

Obvia decir que de aquellas barcas hinchables carecían de peso suficiente, y muchas veces estábamos a merced de las olas, o del mar... allí no era problema, pues con cualquier cabo se amarraban allí con facilidad... pero la situación se complicaba si queríamos ir a pescar, o quedarnos en algún sitio estables... cual era nuestra solución? un cabo traído del mar, no demasiado voluminoso para poder manejarlo, y una piedra. La solución lógica. Un elemento pesado, de cuarcita o granito, con forma de bolo, a ser posible arriñonado, para que no se escapara del cabo al lanzarlo al agua.

No puedo evitar pensar en aquello cuando encontramos una de aquellas famosas anclas líticas, en la ría de Pontevedra, en Vigo, En Arousa... en su día fueron ya publicadas algunas de las que aparecieron en Galicia en el Pontevedra arqueológica allá por el año 85, por Rodríguez Biempica. Toda una referencia hasta el momento.

Porque de lo que nosotros hacíamos, a la siguiente evolución lógica: asegurar el amarre del cabo, mejorar la sujección del "ancla" al fondo... hacerle agujeros, creando un "arganeo" y unas "uñas" de madera o metal para sujetarse al fondo.

Es lógica pura pensar en este uso, pues es un elemento barato, rápido y prescindible... porque cualquier persona, con un poco de paciencia podría crear una, sin demasiada complejidad.

Y así han sido, desde el inicio de la navegación, una constante en aquellas embarcaciones del bronce final como Ulu Burum (del que hablaremos en otro momento), hasta las pequeñas embarcaciones tradicionales de antaño. Miles de años de evolución, pero el mismo concepto.

Hoy nos fascinan, porque su uso es tán dilatado en el tiempo, y su aparición tan habitual sin contexto arqueológico claro, que se discute una y otra vez su cronología, y crean mil y un quebraderos de cabeza a propios y extraños.

Se antoja fundamental dar a conocer todos los ejemplares aparecidos... y cobra mucho más importancia publicar aquellos que puedan ofrecer alguna referencia cronológica, del tipo que sea... porque por pobre que sea puede ayudar a aclara este testimonio de nuestros mares,  reflejo de navegaciones antiguas, o quizás elementos de la antropología de nuestras costas, o simples objetos votivos o de caracter apotropaico... o quizás todo a la vez, pues nadie, como el marino antiguo sabe lo unido que está lo profano y lo sagrado, el mar a los dioses y sus caprichos, y lo barato, y util, a la tradición firme, que se perpetua por los siglos de los siglos.


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