La Puerta de San Miguel. A Coruña.
No pocas veces una ciudad urbanizada guarda verdaderas sorpresas en su interior. En este caso, justo hoy ha salido a la luz una nueva joya oculta tras metros de relleno y escombro, la escalinata de la puerta de San Miguel, la verdadera puerta noble de acceso a La Coruña.
De todas las puertas de mar que aún se conservan, todas magníficos ejemplos de época moderna de los accesos marítimos a la Ciudad Alta o Ciudad Vieja, la de más solera es sin duda la que ahora ha visto a la luz.
Actualmente permanecía semioculta entre una maltrecha y mal remachada muralla que protegía/ceñía al antiguo Hospital Militar, hoy Hospital Abente y Lago. Bajo el, encadenada y arruinándose, permanecía una puerta mandada restaurar por Felipe II al Capitán General del Reino Diego das Mariñas a finales de siglo, con sus tres magníficos escudos hechos de piedra de grano fino, probablemente de San Pedro.
Sus escalones, antes de ser tapados por el desarrollismo coruñés, dieron acceso a las mujeres que se bañaban antaño, y servicio a la barca de San Antón, que comunicaba la antigua cárcel, en la isla, con la ciudad. Sus últimos escalones los bañaba el mar.
Pero antes de perderlos, y antes de aquellas mujeres pobres, aquellos peldaños dieron acceso (o salida) a grandes personajes vestidos de púrpura, oro y armiño, que por allí pasaban, al abrigo y protección del Castillo de A Coruña.
Por allí bajó Pedro I, rumbo a la Bayona francesa, dispuesto a pactar para mantener su trono. Por allí salió Fernando I de Portugal, abandonando su reino de Galicia para nunca más volver. Por allí salió Carlos V, tras celebrar Cortes en La Coruña (en San Francisco), rumbo a Flandes para reclamar el trono imperial. Estos... y tantos otros que no sabemos: El duque de Alba, el conde de Andrade, tantos y tantos grandes personajes más...
Sabíamos que debía estar ahí, que la escalinata permanecía oculta bajo los rellenos de la creciente ciudad coruñesa de mediados del siglo XX. Creíamos firmemente que tenía que aparecer, como así a sido. Se ha rescatado un fragmento de historia de la ciudad, un elemento que nos conecta con nuestro pasado y con grandes hombres y mujeres que pisaron nuestras calles hace siglos, cuando la Coruña era una manzana jugosa, manjar de reyes.
La tenemos entre nosotros, es solo un pedacito de nuestro patrimonio, pero tendremos más. La puerta de San Miguel merece recuperarse todo lo posible. Merecemos verla en todo su esplendor rodeada de las imponentes murallas de las que franqueaba el paso. Un esplendor que empieza a aparecer. Congratulémonos.
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