Pigmeos en la Historia.


En medio de un interesante curso hemos recibido un texto que ha despertado mi curiosidad. El texto en concreto es una carta de respuesta del Faraón Pepi II (aún un niño) de la VI dinastía, al alto funcionario  y gobernador de Elefantina Herkhuf, tras volver de una de las cuatro expediciones que hará en su vida, al país de Yam. Dice así:
“… Se ha tomado buena nota de esta carta tuya que has enviado al rey, a palacio, para hacer saber que has vuelto sano y salvo de Yam con la tropa que estaba contigo. Has dicho en esta carta tuya que has traído todo tipo de grandes y hermosos dones (…). Has dicho en esta carta tuya que has traido un pigmeo de danzas divinas de la tierra de los habitantes del horizonte, como el pigmeo que el portador del sello del dios Baurded trajo de Punt en tiempos del rey Isesi (…) Dirígete hacia el norte, a palacio. Apresúrate y trae contigo a este pigmeo (…).

Cuando el pigmeo viaje contigo en la barca, nombra a personas responsables que estén junto a él en cubierta para evitar que se caiga al agua. Cuando duerma, de noche, nombra a personas responsables que duerman junto a él, en su tienda, e inspecciona diez veces cada noche. Mi majestad desea ver a este pigmeo más  que los dones del Sinaí y del Punt. Si llegas a palacio con este pigmeo contigo, vivo, fuerte y sano, mi Majestad hará por ti algo más grande que lo que se hizo por el portador de sello del dios Baurded en tiempos de Isesi, tal es el deseo de mi Majestad  de ver a este pigmeo…”

Visto de manera superficial, parece tratarse de un capricho de un niño... o no? Con el término pigmeos, hablamos de grupos humanos de cazadores-recolectores que hoy día viven en selvas ecuatorianas de África y que de no alcanzan los 1,50 m. de estatura media. Parece ser que existían por aquel entonces en el alto Nilo, aunque ya eran raros. como dice el texto, al final de la Dinastía V se había capturado otro, y el Faraón Dyedkara Isesi había colmado de regalos a quien lo trajo... ¿Seguimos hablando de otro capricho?


Porque a todo esto, la expedición a Yam (país aún no localizado, pero que se supone situado en el entorno de la tercera catarata del Nilo) no era un cuestión baladí, ni en distancia y en gestión de recursos... ¿Y el mayor beneficio era un pigmeo?

No. Creo que no. Obviamente está fuera mis modestos conocimientos comprenderlo, pero si uno piensa en el dios Bes, dios pigmeo (si, pigmeo) señor de Punt (cerca de Yam) y de Nubia, uno no deja de ver cierta relación con todo esto. Bes era un dios profiláctico, que rápidamente se extendió, primero por Egipto, y luego por todo el Mediterráneo. Su multifunción, diferentes aspectos y atributos (lógica evolución de su culto) no dejan nunca de reflejar su veneración como dios propiciatorio... ¿Puede ser alguno de estos aspectos los buscados por Pepi II e Isesi? ¿Buscaban algún tipo de intención ritualísica o de protección mágico-divina? ¿O es simplemente el de Pepi el capricho de un niño rey?


Los pigmeos son mencionados también profusamente en la literatura grecorromana, entre ellos, de manera temprana, en la obra de Homero y, citando a Aristóteles, de Plinio el viejo. Éste menciona que habitaban en cavernas y que eran vecinos de los Indos, por lo que poco tienen que ver con los pigmeos africanos. Herodoto de Halicarnaso sin embargo, los mencionó situándolos en África en la fábula de Etearco, en su libro 2 de Euterpe. Es un interesante relato que podéis consultar en la página (32). Pulsa aquí.

Parece ser que por el siglo I d.C. estas poblaciones africanas fueron empujadas hacia el bosque por las migraciones de las etnias bantúes, siendo confinados cada vez más a los bosques tropicales más remotos.

Hablando de época romana, siempre recuerdo mi primera visita al yacimiento arqueológico de Itálica y los mosaicos de pigmeos luchando contra grullas. Esto enlaza claramente con la fábula que refiere Ateneo de Naucratis y Ovidio, de la metamorfosis de una pigmea por no venerar a Hera, y que vuelve a su hogar (por enemistad o por necesidad) y ataca a su antiguo pueblo. Asimismo, también mencionaban Aristóteles y Plinio como cada año las grullas llegaban y atacaban a los pigmeos, y éstos debían defenderse y darles muerte.




No solo  los pigmeos aparecen en su sempiterna lucha contra las grullas. Ellos están también detrás de una fábula poco conocida de Heracles, al que en sus viajes, ataron mientras dormía... y que hoy todos reconocemos como la escena de Gulliver y los liliputientes, pues fue su más directa inspiración.

Sea como sea fuere, el tema de los pigmeos estuvo bien presente en la iconografía musivaria del mundo romano, casi siempre vinculada al tema Nilótico (y no a Asia) y también, en su vertiente cómica y paródica, en distintos textos como comedias, carmina priapea, etc.

Pero nuestros pigmeos, los de verdad, siguieron habitando lo más recóndito de África, cada vez más legendarios a ojos del resto de civilizaciones.

A la llegada de los navegantes portugueses a las costas africanas, en el siglo XV, los pigmeos ya vivían en lo más inaccesible de la selva. Afortunadamente no fueron objeto del comercio de esclavos... hasta el XIX. Porque algunos de ellos fueron llevados en el colonial Congo por lo belgas a fines del XIX, principios del siglo XX a zoológicos y exposiciones. Como inferiores fueron discriminados por las etnias beneficiadas, dominantes de los países en los que vivían.
Siguieron y siguen hoy día siendo discriminados, esclavizados y explotados, con una población en constante disminución por la presión del medio y la pérdida de sus hábitats y sistema tradicional de vida; en franca y triste decadencia. Quizás en unos años volvamos (la Humanidad) a conocer los pigmeos tan solo por los textos, las imágenes y las leyendas de algunos que alguna vez los vieron.


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