Castillo de Eiris. La protección arqueológica de un parque público.
Ya hemos comentado en el anterior post que seguimos teniendo un yacimiento arqueológico con la máxima figura de protección en el parque de Eirís. Un yacimiento cuya historia y restos se están empezando a adivinar solo ahora, y que necesitarán de más fases de investigación histórico/arqueológica para que desvele todos sus secretos.
Pero mirar por la ventanita que nos ofrece el castillo de Eirís no olvida que bajo, o cerca de él existe otro yacimiento que aún está por localizar y definir adecuadamente. En su momento ya salió en prensa y nosotros También reflexionamos en su momento, imaginando como serían y vivirían esos romanos vecinos de Eiris.
Respecto al yacimiento no tenemos datos nuevos acerca de donde estaría, ni que sería lo que se oculta bajo la zona del parque. Mientras el arqueólogo director de los trabajos no deposite los materiales arqueológicos hallados ni la memoria técnica, solo podemos especular y soñar, tener pálpitos o especulaciones más o menos fundadas, que por ahora seguirán quedándose bajo tierra.
Lo que está claro es que sea lo que sea, como quiera que se encuentre, o lo que nos ofrezca en un futuro, hay un patrimonio cultural importantísimo en el Parque de Eiris. Un patrimonio por investigar, que los cientos de personas que por allí pasean (sea en pareja, con niños o perros, o simplemente solos, quemando las calorías sobrantes) ignoran que existen. Ahora saben que se sentaban sobre piedras centenarias, no tan solo sobre los restos de una casa vieja o un gran matorral verde. Pero aún ignoran en en sus cercanías existe otro yacimiento de gran importancia, los dos situados en los límites del parque.
Dudo mucho que mucha de esa gente no se sorprendiera al saber que en sus paseos camina y tiene bajo sus pies historia encerrada y sepultada, restos romanos esperando a ser localizados y salir algún día a la luz. De momento aguardan, como el castillo de Eiris. Protegidos y sin riesgo a deteriorarse más, esperan mejores tiempos, conscientes de que la normativa municipal los protege, y que un parque público es el mejor escudo para que el urbanismo no se los trague.
Seguro que algún día podremos rescatarlos y conectarlos con la historia de la ciudad.


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