¿ Fuerte de Valparaíso ?
Cuando iniciamos las pesquisas de este yacimiento, hace más de un año, ya teníamos importantes dudas acerca de su identificación como el Fuerte de Valparaíso.
Parecía razonable que pudiera existir algo de razón en las argumentaciones previas que leíamos: reutilización de elementos, desmontaje del edificio previo... no era tan descartable que pudieran existir restos del fuerte en ese entorno...
Pero a medida que nos íbamos metiendo en la arquitectura fortificada abaluartada, en cuestiones poliorcéticas o puramente balísticas para un recinto fortificado del siglo XVII, cada vez nos ofrecía más dudas.
Acabó nuestra primera fase de estudio concluyendo y aumentando nuestras dudas razonables, y proponiendo una argumentación para otro origen más antiguo, y su identificación con una construcción civil, centenaria.
Ahora queda apenas una semana de excavación y desescombrado de los restos de la edificación, de esa ruina histórica que con metodología arqueológica, vamos destapando hasta su última etapa de uso. Aunque nos queden muchas preguntas, y debamos dejar las cuestiones puramente científicas relegadas a un segundo plano (priorizando su conservación y rehabilitación para toda la sociedad), vamos despejando la incógnita, la X que marcaba nuestras dudas iniciales. Cada vez está más claro.
Junto con estas dudas, y en justicia, debemos arrancarle la atribución del Fuerte de Valparaíso, devolviéndole el título original que los vecinos le pusieron, ya que, como es costumbre al catalogar un bien arqueológico, no solo debemos reflejar su nombre original (si es que los hados nos conceden la gracia de encontrarlo) sino también el que la sociedad, en su interacción diaria con el bien, le atribuye (y sus leyendas, y sus pequeñas historias y mitos). En vista de todo ello, y de aquí en adelante, dejemos de hablar de Valparaíso, de esa ciudad chilena y de su Marqués, grande de España y primero de su nombre. Dejemos de hablar de fuerte. Llamémosle con el nombre que tuvo hasta que fue rebautizado: Castillo de Eirís.
Junto con estas dudas, y en justicia, debemos arrancarle la atribución del Fuerte de Valparaíso, devolviéndole el título original que los vecinos le pusieron, ya que, como es costumbre al catalogar un bien arqueológico, no solo debemos reflejar su nombre original (si es que los hados nos conceden la gracia de encontrarlo) sino también el que la sociedad, en su interacción diaria con el bien, le atribuye (y sus leyendas, y sus pequeñas historias y mitos). En vista de todo ello, y de aquí en adelante, dejemos de hablar de Valparaíso, de esa ciudad chilena y de su Marqués, grande de España y primero de su nombre. Dejemos de hablar de fuerte. Llamémosle con el nombre que tuvo hasta que fue rebautizado: Castillo de Eirís.

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