El desastre de La Herradura.

Hoy me gustaría contaros una breve reseña de un acontecimiento histórico, una catástrofe tuvo repercusión en toda España, y que Incluso Cervantes refiere en un pequeño pasaje en su Quijote.

Estamos en 1562. Una escuadra de 28 galeras, comandada por Don Juan de Mendoza se prepara para atacar a los piratas berberiscos, verdadero azote del mediterráneo occidental.


Aquellas galeras, de 43 m. de eslora por 6 m. de manga, llevaban unos 225 hombres cada una,  de los cuales 125 eran  galeotes condenados que debían mover un remo de 60 kg.  A veces a un ritmo frenético.
Esta primera Armada de galeras Filipina, antecesora de la de Lepanto, llegó a Málaga el 18 de Octubre de 1562, camino de dirigirse a socorrer a la plaza de Orán. Allí el tiempo empeoró de tal manera que se decidió poner rumbo a la Herradura, una bahía con esa forma, situada en la comarca de Almuñecar (Granada). Cuando se encontraban allí, a resguardo a barlovento de los Berengueles, los vientos rolaron y el temporal subitamente creció, atrapando atrapando a la flota en la bahía. Comenzó el desastre.


El 19 de Octubre Martín de Figueroa escribió el primer relato de aquel desastre de la Herradura:
“Todas las galeras comenzaron a embarrancarse y unas con otras y se hacían pedazos y comenzó la gente a echarse a la mar y los primeros que se echaban se ahogaban todos porque la mar era tan brava que no les dejaba valerse de nada, y Juan de Mendoza dejó la ropa larga… En la galera Capitana de España iba do Francisco de Mendoza, el mozo hijo del marqués de Mondezar, que se ahogó y dos hijos del conde de Alcaudete… no se escaparon más de cuatro personas de las cuatrocientas que iban a bordo. Los vivos andaban en cueros y los muertos eran tantos que no se veía otra cosa en la playa. En el recuento nos faltaron cuatro mil hombres”.



Las rocas de Punta de la Mona, cual clásicas sirenas, se cobraron su macabro peaje. Se perdieron un total de 25 galeras en La Herradura. De los 7.000 marinos de esta escuadra de galeras murieron 4.000 hombres y con ellos su comandante Juan de Mendoza. Su cadáver fue encontrado en las costas de Adra, a más de sesenta millas de allí. La mayor parte de los supervivientes fueron galeotes que, en mejor forma física, pudieron nadar hasta la orilla, aunque pocos escaparon a las garras del destino, pues muchos de ellos fueron cazados por las autoridades locales y vueltos a mandar a galeras, a remar.


Los vecinos de la zona acudieron en masa para ayudar en las tareas de rescate y enterrar a los muertos rápidamente, por temor a las alimañas y a la peste.
Hoy una placa en la playa recuerda a las víctimas.




*Imágenes del cómic de Juafran Cabrera: Naufragio en la Herradura

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