La Justicia de los Irmandiños.
Preparando un artículo he tenido que revisar algunos de los textos clásicos de referencia para la Revuelta Irmandiña. Además de lo fascinante (y actual) que resulta el tema para la historia de las mentalidades (magníficamente expuesto en diversos textos por el profesor Carlos Barros), uno no puede dejar de pensar en cómo funciona a veces la justicia popular:
Los cuales dichos alcaldes tenían y traían varas de justicia y la razón porque hacían lo susodicho era porque decían que aquello convenía y era menester hacerse así para el sosiego y quietud del Reino (...) y dice este testigo que hacían mucha justicia y que un vizcaíno con una pescada que tomara a una pescadera en el Vilar de la ciudad de Santiago, la dicha pescadera se la pidiera y porque el dicho vizcaíno dijera que no se daba nada por la Irmandade, los alcaldes de la dicha Irmandade lo asaetearon a la par del monasterio de Santo Domingo de la dicha ciudad en un fresno que allí está y el testigo lo vio así asaetear y también oyó decir que porque uno robara una gallina y una manta lo ahorcaran y hacían otras muchas justicias.
Por supuesto aquellos líderes y rectores de la Revuelta, que gobernaron el reino de Galicia durante dos años, no tenían distinción de clase, lugar o condición. La justicia era universal, y la aplicación, inmediata.
Aquellos y otros cuadrilleros (...) regían y mandaban a la gente común que andaba en la Irmandade en la dicha villa, los cuales vio que traían varas de justicia de los malhechores (...) y el testigo los vio que mandaron asaetear a dos o tres escuderos de Tierra del Salnés en el Campo de Santo Domingo de la dicha villa de Pontevedra.
Y funcionó. Tal y como decía Alonso de Palencia:
En corto tiempo los gallegos no solo arrancaron de la selva a todos los facinerosos y los arrastraron al patíbulo, si no que se apoderaron de fortalezas consideradas inexpugnables (...). Finalmente de tal modo aterrorizaron a los ladrones que por todas partes vagaban que el caminante cargado de dinero marchaba solitario por los más descuidados caminos.
O tempora, o mores.

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