Construcción naval. Muchas maderas para unirlos a todos.
Hablar sobre construcción naval en la antigüedad con una amiga, investigadora de Aix-Marseille siempre es interesante. porque uno no se da cuenta hasta esos momentos de la cantidad de selecciones, opciones constructivas y elecciones de materiales que realizan, en un proceso casi mágico, los carpinteros de ribera cuando construían esos complejos ingenios, los barcos, la máquina más compleja y perfecta que construyó el hombre hasta tiempos recientes.
Hoy, expertos como ella, estudian pecios romanos analizando las maderas que empleaban, y comprendiendo que y porque lo hacían así, detectando reparaciones o cambios de tradición constructiva, como en los barcos de Toulon.
Hoy, expertos como ella, estudian pecios romanos analizando las maderas que empleaban, y comprendiendo que y porque lo hacían así, detectando reparaciones o cambios de tradición constructiva, como en los barcos de Toulon.
La selección de maderas para un barco no se hacía al azar. Teofrasto en el S. IV a.C., filósofo e historiador griego escribió todo un tratado de xilología en su Historia de las Plantas, donde daba unos buenos apuntes sobre ello.
Para los griegos, el abeto, la picea y el cedro eran las más utilizadas. Para los grandes mercantes era más apropiada la madera de cedro por su durabilidad y fácil labrado o el pino de Alepo, de gran resistencia y elasticidad. La quilla se hacía de roble, como hoy día. El olmo se usaba para las partes redondeadas de los navíos, por sus especiales condiciones de flexibilidad y resistencia al agua. Las vergas y palos se solían hacer a partir de troncos de abeto, por la longitud y rectitud de estos árboles. Las cuadernas interiores se hacían de olmo o acacia, que es recta y difícil de pudrir.
Naturalmente, en la construcción naval de época moderna (S. XVI-XIX) existe mucha más documentación de archivo, para deconstruir el proceso. Las maderas más utilizadas eran el roble para la quilla (y sobrequilla, roda y codaste), baos y cuadernas, por ser una madera pesada y dura, adecuada para piezas que sufran grandes tensiones; usaban haya y nogal para remos, motones y palos. El olmo era más utilizado para las partes de las naves que van a tener contacto con el agua, y de olmo se hacían las cuadernas, baos y durmientes; o de fresno, usando para las varengas el roble, por la mayor exigencia de rigidez en dicha pieza que en la Antigüedad.
Según Teofrasto, la estación más apropiada para talar la madera y que estas salieran fuertes era cuando había terminado la brotadura y el fruto estaba maduro, contándose los primeros días del cuarto menguante de la luna. Este consejo, seguido por todos los carpinteros de ribera hasta nuestros días, es cuando se consigue una madera más dura y menos propensa a pudrirse, ya que es cuando circula por los vasos menos cantidad de savia... ya queda poco.


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