A Porta da Mámoa en Compostela.
Tengo muy retrasadas muchas cosas que contaros por aquí y que espero ir poniendo al día en breve... Últimamente el trabajo es desbordante —lo cual también es muy bueno— y me quita demasiadas horas de sueño y de asueto.
Pero hay lugares por los que uno pasa tantas veces que terminan formando parte de su propia memoria.
Recuerdo la multitud de veces que subía —y aún subo, de vez en cuando— por el Hórreo hacia la Facultad de Historia, a las clases o a la Biblioteca. Y muchas veces me pregunté por la historia de aquella zona de Santiago y, sobre todo, por un nombre que siempre me llamó la atención:
Porta da Mámoa.
¿Por qué una de las antiguas puertas de Compostela llevaba un nombre que parecía hacer referencia directamente a un monumento megalítico?
Una de las puertas de la muralla de Compostela
La Porta da Mámoa era una de las puertas que atravesaban la antigua muralla medieval de Santiago de Compostela. Hoy la puerta ha desaparecido, pero su nombre continúa formando parte del paisaje urbano y de la memoria de la ciudad.
La documentación turística de Galicia identifica la Porta da Mámoa entre los accesos de la muralla compostelana que desaparecieron con el paso del tiempo. Junto a ella se encontraban otras puertas como la de Faxeira, la de la Pena, la del Camiño, la de Mazarelos o la de la Trindade.
Su desaparición no ha supuesto, sin embargo, la desaparición del topónimo.
Y aquí empieza la parte realmente interesante.
¿Había realmente una mámoa?
Cuando estudiamos la toponimia histórica nos encontramos muchas veces con nombres que conservan la memoria de elementos del paisaje que desaparecieron hace siglos.
Mámoa es precisamente una denominación tradicional gallega relacionada con determinados montículos y, por extensión, con monumentos tumulares prehistóricos.
La explicación tradicional sostiene que la Porta da Mámoa habría recibido su nombre por la existencia de un antiguo túmulo en las proximidades.
Pero aquí debemos ser prudentes.
No podemos afirmar que se haya identificado arqueológicamente una mámoa exactamente en el lugar de la antigua puerta. La relación entre el topónimo y un posible monumento tumular es una hipótesis razonable, pero no equivale a disponer de la evidencia arqueológica del túmulo.
La importancia del nombre reside precisamente en eso: puede conservar el recuerdo de un paisaje anterior a la ciudad medieval, aunque ese paisaje haya desaparecido por completo.
La documentación onomástica compostelana considera Porta da Mámoa, junto con otros topónimos como Acynto o rúa do Castro, como parte de un conjunto de nombres que podrían conservar la memoria de un pasado anterior a la configuración medieval de la ciudad.
Un nombre que sobrevivió a la puerta

La puerta desapareció físicamente, pero el nombre permaneció.
Y eso es especialmente interesante desde el punto de vista arqueológico e histórico. La transformación de una ciudad puede hacer desaparecer murallas, caminos, edificios y monumentos, pero los nombres de los lugares pueden sobrevivir durante siglos.
Un estudio reciente sobre la toponimia compostelana lo expresa de forma especialmente interesante: Porta da Mámoa continúa siendo un nombre vivo y funcional, aunque la puerta haya desaparecido y, posiblemente, la propia mámoa haya desaparecido muchos siglos antes.
Es una especie de fósil lingüístico del paisaje.
La Compostela anterior a Compostela
Aquí es donde la historia de Porta da Mámoa me parece especialmente fascinante.
Cuando caminamos hoy por Santiago vemos una ciudad monumental, medieval y moderna, construida alrededor del culto al apóstol Santiago.
Pero bajo esa ciudad existieron otros paisajes.
Antes de la muralla medieval hubo otros caminos, otros lugares de paso y probablemente otros elementos del paisaje que fueron incorporándose a la ciudad. Algunos desaparecieron físicamente. Otros sobrevivieron transformados. Y algunos, como mámoa, quizá quedaron conservados únicamente en el nombre de un lugar.
Por eso la toponimia puede ser una herramienta arqueológica extraordinariamente útil: no demuestra por sí sola la existencia de un yacimiento, pero puede señalar lugares que merecen ser investigados.
Y en Santiago tenemos un magnífico ejemplo.
Una puerta desaparecida que todavía podemos encontrar
Hoy ya no podemos atravesar la Porta da Mámoa.
La muralla ha desaparecido prácticamente de este sector y la ciudad ha transformado por completo el espacio que la rodeaba. Pero todavía podemos encontrarla si sabemos dónde buscar.
Está en los mapas, en los documentos, en la bibliografía histórica y, sobre todo, en el propio nombre de la ciudad.
Cada vez que pasamos por Porta da Mámoa estamos utilizando un topónimo que puede conservar la memoria de un paisaje muchísimo más antiguo que la propia muralla medieval.
Quizá nunca sepamos con certeza si allí hubo realmente una mámoa.
Pero precisamente ahí está lo interesante.
A veces, la arqueología no empieza con una excavación. Empieza con una pregunta escondida en un nombre.


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