Iubilatio.


Ayer me tocó volver a la facultad, de oyente a un aula después de ni se sabe cuanto tiempo... y todo era extraño. 



Además de la condición excepcional de muchos de los que estábamos, esa extrañeza ya la tuve la anterior vez que estuve.... porque faltan personas y sitios, cambian espacios y decorados, todo avanza, sigue.

De todo ello, de todo lo que recuerdo se van perdiendo las anclas de mi pasado allí, convirtiendo el presente en algo más opaco, las estancias en algo más oscuro, la piedra en más fría.



Ya no está personas con las que empecé a caminar hacia la arqueología, aquellos rincones en los que sabías a quien ibas a encontrar cada vez los reconoces menos. Incluso los sitios donde dejaste tantos y tantos días ya no son tuyos. Hay que dejar paso a los que vienen, y ellos a los que vendrán.

Yo no creo en aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor. Tampoco creo en que ese concepto evolutivo en que el presente es lo bueno y el pasado siempre fue peor, basura a olvidar. Siempre hay que reconocerlo, porque es de donde venimos y en su contexto fue (estoy seguro) lo mejor que pudo ser, lo mejor posible. Alguien, algún día recordará las cosas, de donde vinimos y quien hizo que... y el tiempo y los libros, como siempre, nos podrán a cada uno en su sitio.



Solo quiero reivindicar lo que ha he dicho, que el final de un camino no nos lo marca nadie. Lo marcamos todos y cada uno el propio. Y que rendirse (o que te hagan rendirte) no es una opción teniendo aún tanto que decir.


Por muchos años más peleando, y haciendo HISTORIA.



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