El último cartucho de Carter.
Tras seis años de campañas decepcionantes, 1922 iba a ser el último año de Howard Carter en el Valle de los Reyes. Casi todas las expediciones habían abandonado la Necrópolis, convencidas de que se encontraba agotada.
Casi por azar, Howard disparó su último cartucho. escogió una zona inexplorada, a los pies de una choza construida por los obreros de la tumba de Ramsés VI... y dió con los escalones ocultos de la Tumba de Tutankhamón.
Y vió cosas maravillosas...
El broche de oro a los descubrimientos de las tumbas de Hatshepsut y Tutmosis IV y el paso a la posteridad, junto con aquel joven faraón casi desconocido.
En contra de la maldición de la tumba, vivió una vida longeva y feliz. En su tumba, en Pultney Vale (Londres): Tú que amas Tebas, que tu espíritu viva, que puedas pasar millones de años, sentado con tu rostro hacia el viento del Norte, y los ojos resplandecientes de felicidad. También: Oh, noche, extiende sobre mi tus alas, como las estrellas imperecederas.
En contra de la maldición de la tumba, vivió una vida longeva y feliz. En su tumba, en Pultney Vale (Londres): Tú que amas Tebas, que tu espíritu viva, que puedas pasar millones de años, sentado con tu rostro hacia el viento del Norte, y los ojos resplandecientes de felicidad. También: Oh, noche, extiende sobre mi tus alas, como las estrellas imperecederas.
Planeó una expedición para buscar en Asia Menor la tumba de Alejandro Magno. Afortunadamente no llegó a realizarla, para fortuna (supongo) de los Carters futuros.


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