El primer viaje.
No se conoce el número real de los integrantes en la primera expedición de Colón, el famoso primer viaje, oscilando el número estimado entre 60 y 108 personas. No se conserva toda la documentación de esos momentos y además, como es lógico, el número aumentó debido a los pleitos establecidos por los familiares de los marineros para hacer constar que su pariente había tomado parte del viaje y así conseguir las ventajas correspondientes. La investigación que hizo Alice B. Gould en el AGI localizó un total de 76 tripulantes seguros, más 11 que no se conocían y otros 18 dudosos. Entre los tripulantes había clara mayoría de andaluces, siendo el resto vascos y de otras procedencias. Entre ellos había cuatro reos, un médico, un cirujano, un escribano y un interprete de árabe y hebreo... no fuera a ser que se encontraran con las tribus perdidas...!
Como todo el mundo sabe, la expedición iba en una nao y dos carabelas. La vida en las carabelas no debía ser agradable: los guardias hacían turnos de cuatro horas y la comida era escasa y repetitiva: bizcocho, salazones, tocino rancio y vino agrio. La cocina, una plancha de hierro con una capa de arena sobre la que se encendía el fuego con que hervir la olla del rancho, solo se prendía con buen tiempo, por el riesgo a accidentes. Los marineros, además de atender al velamen, debían baldear la cubierta y achicar el agua acumulada periódicamente en la sentina. Dormían sobre cubierta, protegidos por una lona si hacía mal tiempo (la bodega era para los pertrechos y provisiones).
La carabela fue un barco que se usó durante siglos por su éxito, juntaba las ventajas de los barcos atlánticos (timón de codaste y línea de popa recta), con las embarcaciones mediterráneas (aparejos mástiles y velas latinas y calado poco profundo). Con viento en popa llegaban a alcanzar los 11 nudos de velocidad, por lo que era ideales para viajes trasatlánticos, pese a su escaso tamaño. De hecho Colón contaría con carabelas aún más pequeñas para su segundo viaje. Eso si, como es sabido, el Almirante transformó La Niña para el viaje de vuelta, modificando los palos e incorporándole las velas cuadras (convirtiéndola en lo que se denomina carabela redonda), para favorecer el viaje de vuelta con viento en contra. Acabó en Lisboa, informando al rey de Portugal de la expedición... mientras la Pinta arribaba a Baiona, en Galicia, informando a los Reyes Católicos del "descubrimiento" del "Nuevo Mundo". Y la Santa María en Haití, como ya os hemos contado.
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| Todas las ilustraciones son de Marcel Socías. |




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