Os conxuntos históricos no borde marítimo galego.

El día 1 de este mes acudimos aun seminario al Consello da Cultura Galega. Allí se trataba el tema y problemática de los conjuntos histórico de las villas costeras gallegas, situadas en los ayuntamiento litorales gallegos (un 15% del total), que concentran más de la mitad de la población gallega.

Esto espacios de fuerte presión demográfica carecen de protección específica en la mayoría de los casos. Si la presión demográfica no fuese suficiente daño para la conservación de sus características arquitectónico/paisajistas, el desarrollo turístico que han sufrido estos núcleos, sobretodo en la zona de As Rías Baixas han deteriorado sin remedio su configuración urbanística y su entorno.

Ahora vemos el problema, y vemos ejemplos ya prácticamente irrecuperables, sumidos en la vorágine constructiva del siglo pasado.  De lo que nos queda, y de su entorno, solo nos queda hacer una gestión racional, proteger, promover y concienciar los valores patrimoniales que tiene la arquitectura y urbanismo de esas villas costeras de antaño, intentar bloquear la destrucción de lo aún salvable y no avanzar en una construcción irracional y desmesurada desde la inmediata lámina de agua, hasta el monte más cercano.

Todos los que nos gusta la fotografía antigua nos sorprendemos al ver como eran nuestras villas y puertos antaño y como han cambiado en tan poco tiempo. Todos tenemos ejemplos cerca de aberraciones urbanísticas en las que prima el cemento y en desarrollo vertical de fachadas marítimas, abriendo monstruosas avenidas y hormigonando enormes paseos marítimos que sepultan las playas y nos alejan del mar que dio sentido a aquellas poblaciones... cuando no se ven totalmente oscurecidas por la gigantesca pantalla de un puerto hipertrofiado que separa a la ciudad del agua, y que no entiende de normativas urbanísticas a la hora de planificar de motu propio puertos deportivos y rellenos sin sentido.

El reto no es pequeño, pero es posible. Solo necesitamos aquello que a veces tanto falta en los organismos rectores, sentido común y diálogo... y que nosotros mismos valoremos lo nuestro, y lo sepamos reclamar... porque nos gusta pasear por un sitio cuidado y con encanto, pero nos enfadamos cuando nos ponen leyes que cumplir.



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