Socorro a Kinsale.

Irlanda siempre ha sido un escenario de apoyo de los intereses españoles en la época moderna. En 1592 los líderes irlandeses se rebelaron contra el dominio inglés, centralizado en la zona de Dublín. Esos duros años las cosas no fueron especialmente bien, pese a que la petición de ayuda al rey Felipe II fue materializada en ayuda logística y económica en varias ocasiones.

A inicios del Siglo XVII llegaba al fin el ansiado socorro español. El 02 de Septiembre de 1601 partía de La Coruña una expedición de apoyo, comandada por Diego Brochero. 30 barcos con casi 4.500 españoles al mando del ya famoso maestre Juan de Águila.

Unos 3.000 hombres consiguieron desembarcar y se atrincheraron en Kinsale con su famoso comandante, donde esperaron y resistieron hasta que capitularon con honores, en esa famosa historia que todos conocemos.

Quizás sea más ignorada que otros 6 buques, al mando de Zubiaur y Ocampo no pudieron llegar conjuntamente a Irlanda, desembarcando al Norte, en Castlehaven. Allí contactaron con los rebeldes irlandeses, que, comandados por O´Donell príncipe de Tirconell y O´Neill, príncipe de Tyrone juraron fidelidad a Felipe III. Reforzados con parte de las tropas del noble O´Sullivan y doscientos hombres de Ocampo se dirigieron al sur, a enfrentarse a las tropas inglesas que hostigaban a Águila, y que igualmente debía salir de Kinsale al aviso, para efectuar una maniobra de tenaza y destruir al ejército del inglés Mounjoy.


Como ocurre siempre en estos casos una traición descubre el plan hispano-Irlandés. Los ingleses enterados del plan y la formación avanzan y van contra la parte más débil, la irlandesa. 6.000 irlandeses se enfrentaron a 7.000 ingleses del Virrey Mounjoy. Los ingleses, con la caballería por la retaguardia e infantería por el frente los barrió del campo de batalla, provocando el pánico y la huida del frente. Cayeron unos 1.200 hombres. La tropa irlandesa mal armada y peor entrenada, acostumbrada tan solo a una guerra de guerrillas fue incapaz permanecer, formando un cuadro y ofreciendo resistencia todo lo posible soldados de Ocampo y algunos de los hombres de O´Sullivan. Tras morir 90 de los españoles, los dos capitanes y 37 soldados restantes aceptaron la rendición propuesta.



Y donde estaban los de Kinsale? La señal acordada no fue dada y cuando los españoles al fin salieron, ya todo se había perdido, volviendo tras los muros a resistir. Sin esperanza (perdiendo diariamente una docena de hombres por enfermedades) el 02 de enero de 1602 Águila negocia con el Virrey la rendición con honores, permitiéndoles regresar a su tierra con armas,banderas y equipos, junto con los irlandeses que quisieran acompañarlos. Era lo único que podía sacar de una posición firme, pero sin ejército rebelde de apoyo, sin suministros y sin posibilidad de ayuda por la llegada de barcos españoles en aquel crudo invierno.

La historia siempre es cruel y quiso que, tras la firma de la rendición, el capitán viera llegar los tres barcos de Martin de Vallecilla a su socorro, que tras conocer la capitulación regresan a casa. Los retordesembarcan de vuelta el 13 de marzo de 1602, en La Coruña. Juan del Águila y Arellano fue criticado duramente por capitular, pasa el resto de sus días  arrestado en La Coruña, donde muere, en Agosto de ese mismo año. Así, con un consejo de guerra póstumo murió el natural de El Berrueco, Ávila, que había defendido la plaza durante tres meses, ante fuerzas muy superiores.

Unos 600 españoles permanecen allí, enterrados en los campos del Oeste Irlandés. Otros 60 vivos, de los dispersados de Ocampo en aquella batalla decisiva, permanecieron engrosando las filas de las guerrillas irlandesas, que continuaron desesperadamente la lucha contra el inglés.

Esperando impacientemente a que Felipe III armara una nueva flota para volver a Irlanda el mayor líder de la revuelta, el príncipe O´Donnell, muere en Simancas, justo antes de entrevistarse por el rey, probablemente asesinado por un espía.


Aquí empezarían los días de los apellidos Irlandeses en la España de la época moderna y contemporánea, en aquellos exiliados de una católica y siempre rebelde y verde Irlanda.

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